La notificación llegó como una puñalada silenciosa.
Enzo observaba la pantalla de su teléfono mientras el mensaje de Viktor se desplegaba con una precisión que helaba la sangre. Una fotografía borrosa capturada desde una cámara de seguridad del Hospital Universitario La Paz mostraba a Valeria caminando por el pasillo de maternidad, su vientre prominente inconfundible bajo el vestido azul marino. Junto a ella, un hombre de cabello castaño llevaba su mano con una familiaridad que atravesó el pecho