La madrugada del domingo llegó con una urgencia que no podía posponerse más. Valeria despertó sobresaltada por las náuseas, pero esta vez no fueron los síntomas matutinos habituales lo que la inquietó. Fue la conversación susurrada que escuchó desde la sala de estar, donde Enzo hablaba en italiano con alguien por teléfono.
Veintiséis semanas, pensó mientras se incorporaba lentamente en la cama. No podemos esperar tanto tiempo.
La realidad se había impuesto con una claridad brutal durante la noch