Chloe llegó a la mansión Montenegro. El guardaespaldas, al verla bajar del taxi con un vestido que no encajaba con la imagen de la señora de la casa, reaccionó de inmediato. Se quitó el saco y se lo entregó para que se cubriera.
- Gracias -dijo ella, aceptando la prenda. Miró al taxista; no traía efectivo.
- Yo me encargo, señora. Puede entrar - indicó el hombre con una reverencia.
Chloe asintió y entró en la mansión. Subió directo a su recámara y se encerró en el clóset. Se quitó la ropa de Ga