Al despertar, Chloe seguía en brazos de Dante. El camisón estaba enrollado en su cintura; él no había dejado que se cubriera, insistiendo en sentir sus tetas contra su piel durante toda la noche.
Ella levantó la mirada y se quedó fija en el rostro de Dante. Dormido, no quedaba rastro del CEO que imponía respeto y temor a los demás. Chloe delineó su cara con la punta de los dedos, bajando con suavidad hasta detenerse en sus labios. Eran carnosos, definidos y la besaban con una intensidad que la