El aire gélido de los Alpes quedó atrás, sustituido por el zumbido presurizado del transporte transoceánico que devolvía a la familia Sinclair a las coordenadas de su reino flotante. Leonard pilotaba con la mirada fija en el horizonte, donde la silueta de Libertia debería emerger entre la bruma del Pacífico como un faro de esperanza. A su lado, Katie observaba a los gemelos, quienes permanecían en cunas de aislamiento magnético para evitar que sus descargas involuntarias dañaran los sistemas de