Dos días más tarde, Victoria entraba despacio a la casa, aún con collarín pero bastante recuperada.
—¿Quieres ir a la terraza, Victoria?, se cuánto te agrada ese lugar.
—No, por favor llévame a la habitación, me duele un poco la cabeza.
—Me preocupa verte tan triste— dijo con sinceridad.
—Estaré bien, solo necesito descansar un poco. — Brailon la llevo hasta la habitación y la ayudó a meterse a la cama, luego se disponía a marcharse.
—Brailon...
—¿Si?
—Lamento mucho no haber creído en ti—d