La mansión de Dante parecía diferente aquella noche. Se sentía más silenciosa y un poco opresiva. Era como si las enormes paredes de la mansión supieran algo que sus habitantes aún no habían expresado ni comprendido del todo. Dante estaba de pie en el balcón de su habitación, sin haberse quitado el traje negro desde que regresó de la clínica. La brisa nocturna soplaba suavemente, pero no lo suficiente como para aliviar la tensión de su cuerpo.
Mientras tanto, en el dormitorio, Serafina estaba s