“Lalita, ¿por qué nunca me has dicho nada al respecto?” Preguntó Serafina, volviéndose hacia Lalita con tono exigente.
“No me atreví, señorita. Porque antes lo oí por casualidad, mientras el señor Dante y Antonio hablaban. Así que, ¿cómo iba a atreverme a contarle lo que sabía, si el señor Dante tampoco le había dicho nada? No me atreví a enfadar al señor Dante, señorita,” respondió Lalita con tono incómodo.
“Tienes razón. Dante se enfadaría si supieras algo que no debías.” Serafina asintió len