Serafina seguía de pie en el mismo sitio, mirando hacia la puerta de la boutique por la que acababan de pasar Alejandro y Delilah. La sonrisa que tenía en el rostro había desaparecido hacía rato, sustituida ahora por un profundo fruncimiento de ceño. A su lado, Lalita también se quedó en silencio y miró en la misma dirección que Serafina.
“¿Crees, señorita, que están tramando algo malo?” Murmuró Lalita, un poco preocupada, refiriéndose a la cercanía entre Alejandro y Delilah.
“No lo sé, tampoco