Serafina no volvió a preguntar nada más después de que Dante dijera eso. Sin embargo, desde que ambos salieron del pasillo del ala privada de la mansión, ella pudo percibir un cambio en aquel hombre. Por no hablar de que Dante parecía más callado y tenso. Como si cada paso que daban los acercara cada vez más a algo que Dante había intentado enterrar en lo más profundo de su ser.
Poco después, se detuvieron frente al despacho privado de Dante. Aquella gran habitación, con una iluminación ligeram