Mundo ficciónIniciar sesiónLa puerta de la casa se abrió con un golpe seco. Connor entró primero, con el rostro cubierto de una fina capa de hollín y sudor, seguido de un Dante que no paraba de parlotear. Maya, que había pasado la tarde dando vueltas por el salón como un león enjaulado, se levantó del sofá de un salto.
—¡Ya era hora, primates! —exclamó ella, pero las palabras se le atascaron cuando vio la mueca de







