SAMIRA
El grito de Anthony cortó la tensión sexual en la habitación como una cuchilla oxidada.
Kadyel se apartó de mí con una brusquedad que me dejó tambaleante, pero no fue la interrupción lo que me heló la sangre, sino su reacción. Sus ojos, que hace un segundo ardían de deseo, se vaciaron por completo. Una máscara de terror puro, una que nunca le había visto, se instaló en su rostro mientras su respiración se volvía errática.
—Kadyel… —susurré, intentando tocarlo.
Él me esquivó, caminando h