ALARIC
La Hacienda "La Esperanza" ya no era solo una finca cafetera; ahora era el epicentro de una resistencia silenciosa. Mientras Elena descansaba con nuestro hijo —a quien habíamos decidido llamar León, por la fuerza que ambos demostraron al nacer—, yo no podía permitirme el lujo del sueño. El nacimiento de León y la llegada de Anthony habían activado un cronómetro invisible en mi cabeza.
—Stefan, quiero los sensores perimetrales activos en un radio de cinco kilómetros —ordené, moviéndome po