STEFAN
La paz es una mentira fragante que se desvanece al primer rastro de sangre.
Habían pasado apenas unas horas desde que Rouse y yo nos perdimos en la calidez del otro frente a la chimenea.
Pax, nuestro pequeño superviviente dorado, había salido al jardín para su última carrera antes de dormir, pero su ladrido no fue el habitual.
No era un juego.
Era un aullido herido, un aviso de muerte que atravesó el aire gélido de Ontario como un cuchillo.
Me puse las botas y la chaqueta en un segund