ELENA
El sol de la tarde en Tulum comenzaba a descender, bañando las ruinas de un dorado que parecía sacado de un sueño antiguo. Estaba sentada en un banco de piedra, con una mano sobre mi vientre, sintiendo esa vida que ya reclamaba su lugar en el mundo con una fuerza asombrosa. Alaric se acercó a mí, caminando con esa elegancia silenciosa que nunca lo abandonaba, incluso en medio de la selva. Su mirada se suavizó al verme; él, el hombre de los mil planes, parecía haber encontrado su única deb