La mañana siguiente comenzó con la ciudad en un estado de aparente normalidad, pero para el equipo, nada se sentía normal. Los mensajes de la noche anterior marcaban un punto de no retorno.
Emilia llegó a la agencia temprano. Lucas la había visto salir en silencio, sin cuestionarla, aunque su mirada decía todo: preocupación, orgullo, miedo… amor.
Al entrar, encontró a Maike rodeado de pantallas, con tazas de café vacías y la expresión de alguien que no había dormido.
—Están jugando con nosotras