El sol de la mañana se filtraba por las cortinas del dormitorio, iluminando con una calidez suave la habitación. Emilia se despertó con el sonido de los balbuceos de Fiorela, que movía sus manitas como si intentara alcanzar los rayos dorados que jugaban sobre la cuna.
A su lado, Lucas dormía con una sonrisa apacible, con el brazo extendido hacia donde ella siempre se acurrucaba. Emilia lo observó un instante; le gustaba mirarlo así, en paz, tan distinto al hombre que antes cargaba con tantas he