Ya no podía evitarlo. No ese día.
El último día del tercer año llegó con una claridad incómoda, como si todo lo que había postergado decidiera alinearse para exigirme una respuesta. Las aulas se sentían distintas, más livianas, más ruidosas. Risas, abrazos, promesas lanzadas al aire. El fin de una etapa siempre trae esa mezcla rara de alivio y vértigo.
Y Santiago estaba ahí.
No en los márgenes. No a la distancia prudente que yo había construido con tanto cuidado en las últimas semanas. Estaba f