Massimo miraba a su familia y era todo lo que de niño había imaginado; sin embargo, aún tenía algo que le robaba su tranquilidad y eso era su Luciano. Si bien, el joven no lo tenía en alta estima, a Massimo le dolía solo recordar a su niño chiquito, recordar cómo entraba a su habitación, cuando era un bebé, levantarlo para cargarlo, sentirlo en sus brazos, ver sus pucheros, escuchar sus balbuceos, ver cómo el pequeño le tomaba su dedo le llenaba el alma cuando tenía un mal día.
Hoy día lo record