Massimo llevaba en brazos a Guadalupe, quien al verle se había desmayado.
Él se sentía muy culpable por la reacción de su mujer, antes al verlo le dedicaba una gran sonrisa de oreja a oreja, luego, esa sonrisa se apagó y se volvió en una mirada de sumisión, para después pasar a la ira o la indiferencia.
Hoy el rostro de la chica reflejaba miedo y desesperación, eso no le complacía, más bien le causaba gran dolor, aunque no lo reconociera.
- Señor, ¿qué ha pasado? ¿Le ha hecho daño? - dijo Emm