Rápidamente, habían pasado 6 meses desde que Luciano y Almendra regresaron a Nueva Zelanda.
Tal como lo había dicho Luciano, Almendra no volvería a vivir en las habitaciones de la universidad, ella se mudaría al apartamento de Luciano, cosa que también tuvo que ser aprobada por Antonio Moretti.
Aquel juez rudo, poco a poco iba bajando la guardia, aunque no del todo.
Ángela, su esposa, cada que podía los visitaba, aunque si no lo podía hacer, al menos les regalaba una videollamada cada dos días,