Sebastiano salió del pasillo en compañía de Ángela, Massimo miraba a través del ventanal, se notaba tranquilo, aunque eso era una habilidad que había desarrollado y puesto en práctica montones de veces durante años; sin embargo, por dentro, el hombre estaba hecho un mar de nervios.
En la mente de Massimo solo le pasaban imágenes de su hijo cuando nació, los pocos momentos que vivieron juntos conforme creció y los últimos momentos o días en que vio a su hijo. La última plática, donde ellos habían