Luciano, al sentir el abrazo de su padre, no supo cómo reaccionar, primero intentó zafarse, pero algo extraño lo invadió, un calor extraño llegó. Algunos recuerdos le llegaron, recuerdos de un Massimo abrazándole, un Massimo jugando con él, platicando con él de niño, un Massimo arreglándole la corbata, un Massimo despidiéndose de él cuándo se iba a Londres, aun en contra de su propia voluntad.
Luciano intentaba resistir ese abrazo, pero aquel extraño calor, aquella extraña sensación, lo invadió