A la mañana siguiente, sin previo aviso, alguien estaba abriendo la puerta del apartamento, ese alguien era Ángela y compañía. Al entrar a aquel lujoso departamento, Massimo vio que su hijo no estaba padeciendo como él pensaba todo el tiempo, Antonio Moretti se veía que estaba cuidando bien de él.
- ¡Sebastiano! ¡Sebastiano, querido! ¡Hemos llegado! Sé que te estás preparando para… ¡Demonios! – Dijo Ángela al abrir la puerta de la habitación principal.
- ¡Mami! ¡Mami! ¡Quiero ver a Sebastiano! ¿