Lejos de ahí, casi al otro lado de la ciudad, un Teodore abrazaba por detrás a Fátima, ella miraba hacia el horizonte, ella había tomado su decisión, siempre lo supo, no había mucho que decidir. Era verdad, Teodore no era romántico, no era atento, no era cariñoso, pero los pocos vestigios que mostraba, realmente le bastaban, ya que la mujer sabía, reconocía, que eran totalmente sinceros.
Fátima agradecía a Dios por haber vuelto a poner a este hombre en su camino, ella había decidido quedarse sol