Guadalupe despertó después de una larga siesta, Pietro había tenido razón, el aceite con esencia de lavanda la había relajado.
Será el cambio de casa, será que la abuela Caterina y Pietro estaban ahí o solo era porque debía ser fuerte para que se repusiera lo más pronto posible para ver a su abuelo, lo que había logrado que ella pudiera dormir como un angelito.
- Guadalupe… ¿Puedo pasar? – Se escuchó la voz masculina de Pietro.
- ¡Claro! ¡Pasa!
- ¿Cómo amaneció la mujer más bella de esta casa?