Una vez que Aldo y Pietro se quedaron solos, ambos miraron por la ventana, Pietro abrazó a su hijo, lo miró y sonrió.
- Sé que no recuerdo nada de quién he sido en 6 años a tu lado, pero sé que eres un buen chico, sé que tu madre hizo un excelente trabajo, criándote. Me siento orgulloso de cómo eres capaz de llevar las riendas del negocio familiar.
Aldo, eres la viva imagen de tu madre y yo, aunque tienes un mejor corazón… Hijo, hoy estarás desposando a una gran mujer y debes estar a la altura.