Mientras Pietro trataba de componer su mente, su hijo estaba a punto de declarar la guerra no solo a Franco, sino también a Luciano, su propio primo, esta, sería una guerra en la que uno de los dos no saldría bien librado, ambos jóvenes eran subestimados por sus propios padres.
Aldo tenía muy claro que Franco se había metido con lo más sagrado que tenía, su hijo, eso no lo iba a dejar pasar por alto tan fácilmente, si tenía que torturar frente a Franco a su hija, lo haría, pero de que su hijo y