Franco Amato había permanecido varios años recluido en un hospicio que solo era usado para personas que no tenían recursos. Marco Barzinni había aparecido como un gran benefactor, mientras Franco estuviera siendo alimentado y cuidado, además de que no le sucediera nada, recibirían un jugoso cheque, el cual al personal que laboraba ahí, agradecía fervientemente.
Tras de la última visita de Marco a Franco, se esperaba que este hombre dejara de ser cuidado, sin embargo, lo que Marco no pudo evitar