Capítulo 27 — El imperio del corazón (Epílogo)
Alejandro abrió lentamente los ojos. La luz suave de la mañana se filtraba a través de las cortinas de seda, dibujando motivos dorados en las paredes de su dormitorio. Tenía cuarenta y cinco años ahora. Canas plateadas salpicaban sus sienes. Arrugas de expresión marcaban su rostro.
Pero sus ojos seguían brillando con esa misma intensidad. Con ese amor inalterable.
Se giró hacia Camila, que dormía plácidamente a su lado. Con cuarenta y dos años, era