Capítulo 9 – La noche en que todo cambiaLa herida de Alejandro no era grave. El cuchillo había evitado las arterias principales. Pero necesitaba puntos de sutura.Camila insistió en quedarse con él mientras el médico lo atendía. Sostenía su mano, secaba el sudor de su frente, susurraba palabras de ánimo cada vez que él hacía una mueca de dolor.Cuando terminó, cuando el médico se fue, se quedaron solos en sus aposentos privados. La noche había caído. La villa, aún bajo alta vigilancia tras el ataque, bullía de actividad.Pero allí, en esa habitación, solo había silencio. Y ellos.Alejandro estaba sentado en el borde de la cama, con el torso desnudo, un vendaje blanco rodeándole el hombro. Camila estaba frente a él, temblorosa, los acontecimientos de la noche alcanzándola por fin.—Creí que te iba a perder —murmuró, con las lágrimas corriendo libremente por sus mejillas.Alejandro levantó los ojos hacia ella y le tendió su mano sana. Ella la tomó, y él la atrajo suavemente hacia sí.—
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