─ ¡He, cuidado! ─gruñó alguien a quien empujé sin querer, quise detenerme para pedirle disculpas pero Laura no me lo permitió.
─ ¡Muchachas! ─gritaron las chicas del equipo desde un sofá, todas alzaron un vaso azul en honor a nosotras y luego nos saludaron de beso en la mejilla.
Laura se veía más feliz que nunca, parecía ser que las fiestas eran lo suyo.
─Entonces viniste ─me susurró al oído una voz conocida, cuando me giré vi a Noah.
─Milagros que suceden una vez por año ─me mofé y él sonrió.