─ ¿Me estás ignorando? ─lo seguí hasta su habitación, estuvo en silencio mientras se quitaba los zapatos ─, John, dime algo.
─ ¿Quieres estar para cuando me desnude o prefieres darme espacio? ─no había lascividad en su invitación, solo desprecio y fastidio.
Me paralicé de dolor ante el tono árido que empleó.
Sin duda era nuestra primera discusión, era incómoda, dolorosa; como decía mi padre, para pelear se necesitan dos y anteriormente solo había estado yo.
─Cierra la puerta al salir ─me dio la