De vuelta a casa no encontré a Raquel, todo permanecía como lo había dejado el día anterior. Excepto por una cosa, mi habitación.
─ ¿John? ─lo llamé rápidamente, tuve miedo de encontrarme a solas con quién sabe qué mañoso. Mi ropa estaba tendida por todas partes, mi cama deshecha, mis libros reventados ─, amor, alguien ha venido a mi cuarto y lo ha hecho trizas. Raquel no pudo ser, no hay rastro de que haya vuelto de su turno...
─ Iré contigo.
─No hace falta ─me senté al borde de mi cama, repar