No había mejor forma de decirnos que estábamos perdidamente enamorados del otro, ella con sus deseos infinitos de hacerme feliz y yo con las ganas de verla sonriente, entregué las botas al mismo tiempo que me dio la caja, se trataba de la versión coleccionista del juego que tanto insistí en poseer, sin condiciones, sin restricciones, sin contratos desagradables que me dejaban en una posición con la misma cantidad de derechos que esos objetos que intercambiamos.
Valorarse es importante, nos entr