Las cuarenta y ocho horas empezaron a las seis de la mañana cuando Adrián recibió la confirmación del equipo de rastreo.
Valentina estaba en una propiedad costera a noventa kilómetros al sur de la ciudad. No en las tres que Adrián conocía. En una cuarta, registrada bajo el nombre de una empresa que era la quinta capa de un sistema de propiedades cruzadas que el rastreo técnico había tardado dieciséis horas en desenredar.
Me lo dijo mientras desayunábamos con la misma naturalidad con que diría q