Lo alcancé en el coche, antes de que arrancara.
Golpeé la ventanilla. Me miró con una expresión que mezclaba impaciencia y algo más suave. Bajó el cristal.
—Te dije que…
—Valentina —dije.
Se quedó absolutamente quieto.
No fue una reacción pequeña. Fue la reacción de alguien a quien acaban de decirle un nombre que no esperaba escuchar, un nombre que tiene un peso específico que yo no entendía todavía pero que era claramente real y claramente importante.
—¿Dónde escuchaste ese nombre? —dijo, con