La reunión de cierre con Dante estaba convocada para las tres de la tarde.
A las dos, Adrián entró en el despacho donde yo estaba revisando los últimos puntos del informe y me encontró de pie frente al mapa, con la chaqueta puesta y los papeles en la mano.
Me miró.
—¿Lista? —preguntó.
—Sí —dije—. ¿Tú?
—Sí.
Nos miramos durante un momento que tenía el peso específico de los momentos antes de algo importante.
—Lucía —dijo.
—No empieces a decirme que me quede aquí —dije.
—No iba a decir eso —dijo—.