Ya sé dónde estás.
Cuatro palabras. Número desconocido. Las leí cuatro veces antes de que mi cerebro terminara de procesarlas.
Dante Reyes sabía dónde estaba.
Lo que significaba que el sitio donde Adrián me había traído para estar fuera de su radar no era tan invisible como pensábamos. O que alguien había hablado. O que Dante tenía recursos que ninguno de los dos había calculado bien.
Llamé a Adrián. Cuatro tonos. Buzón.
Llamé a Marco. Dos tonos.
—¿Qué pasa? —respondió, y el ruido de fondo me d