Capítulo 40. Del amor al odio
El aire de Vermont era distinto. Más frío, más cortante, como si también se empeñara en recordarle que ya no pertenecía a su mundo anterior. La limusina la había dejado frente a una casona victoriana de fachada grisácea y jardín impecablemente podado, pero tan impersonal como la voz de su abuela al recibirla.
—Llegaste tarde —fue lo primero que dijo la señora Eleanor, sin un abrazo, sin una sonrisa.
Leiah bajó la mirada, arrastrando su maleta como quien lleva una sentencia. En la entrada, dos g