Capítulo 34. El mejor regalo
La habitación del hotel estaba en penumbra, iluminada apenas por la luz lechosa de la ciudad que se colaba por las ventanas. Darren cerró la puerta de golpe y arrojó el pasaporte falso sobre la mesa como si quemara. Leiah temblaba a pocos pasos, con los brazos cruzados, la respiración agitada, el corazón golpeándole el pecho como si intentara escapar.
—¿Así ibas a hacerlo? —preguntó él, girando lentamente hacia ella—. ¿Ibas a desaparecer del mapa como una fugitiva cobarde?
—Darren, déjame expli