Capítulo 22. Nunca más
La fiesta era un infierno disfrazado de elegancia.
Darren sonreía con una máscara impecable, forzada, dolorosamente fingida, mientras el viejo lo presentaba con entusiasmo ridículo como “mi hijo, el orgullo de la familia”. Apretaba manos, asentía ante elogios vacíos, se inclinaba con cortesía hacia ancianas pintadas como muñecas rotas. Pero por dentro, sentía que se desmoronaba.
La vio de reojo.
Leiah.
Su Leiah.
La mujer que había tenido en sus brazos cinco semanas atrás, que se acurrucaba sobr