Capítulo 21. Verdades dolorosas
El mundo empezó a girar. El vestido se sentía como una soga de terciopelo alrededor de su cintura. Caminó a tropezones hasta el tocador, empujando la puerta sin mirar si había alguien dentro. Cerró con un movimiento torpe y apoyó las manos en el mármol frío del lavabo. El reflejo en el espejo le devolvía una imagen irreconocible: el rostro pálido, los ojos desorbitados, el pecho subiendo y bajando como si estuviera atrapada en una asfixia invisible.
—¿Qué carajo haces aquí, Darren? —susurró al