Capítulo 58.
Cabalgábamos en dirección al castillo bajo el cielo que empezaba a teñirse de naranjas y violetas. El sonido de los cascos sobre el camino de piedra era acompasado, casi solemne, como si todos estuviéramos guardando fuerzas para lo que venía después.
Todos íbamos montados con la dignidad de príncipes y guerreros… excepto Jack.
A él lo habían amarrado a la silla de su caballo como si fuese un bulto incómodo que había que transportar sin demasiada delicadeza. Se movía apenas, probablemente