El avión despegó suavemente, deslizándose entre finas hebras de nubes blancas dispersas en el cielo.
Brown, el asistente de Damian, se levantó de su asiento y le ofreció algo—quizá una bebida o cualquier cosa que pudiera necesitar. Damian simplemente agitó la mano, indicando que no quería nada, y Brown desapareció hacia una sala detrás de la puerta trasera del avión.
—Livia. —La voz suave de Damian rompió el silencio. Una vez más, en un momento así, llegaba directo al corazón de Livia.
—¿Eh? Sí