Brown miró a Damian, la duda nublándole el rostro. Había algo que debía preguntar —algo necesario si quería planear los pasos siguientes.
—Tú… no golpeaste a la joven, ¿verdad? —preguntó en voz baja pero firme, con preocupación en cada palabra. En realidad no había oído gritos ni alboroto dentro de la habitación, pero necesitaba asegurarse.
La cabeza de Damian se giró hacia él de golpe.
—¡Estás loco por preguntar algo así! —ladró—. ¿Acaso tengo pinta de ser un hombre que golpea a una mujer?
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