El sol ya estaba alto en el cielo.
Todos en la casa andaban ocupados con sus rutinas matutinas de siempre. Bueno… casi todos.
Jenny y Sophia habían huido antes del desayuno.
Sí, habían alcanzado a escuchar la primera mitad de los gritos de Damian hacia su cuñada la noche anterior, y con eso bastó. Sin saber cómo había terminado aquella “guerra”, hicieron lo único sensato: correr por sus vidas. Más valía huir que quedar atrapadas en la metralla emocional.
Aun así, la curiosidad las devoraba.
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