Valle del Zazot
Kaím se detuvo en un río a mediodía. Mientras su caballo saciaba su sed en la orilla, él se bañaba y pensaba en Agna. Recuerdos de las hábiles manos de su amada recorriendo su cuerpo con brío, su ardiente boca jadeando dulces susurros, y sus labios marcando con fuego su recorrido llenaban su cabeza cansada. El viaje ya había durado bastante y sospechaba que ni siquiera iba por la mitad. La inquietud de no saber si su hijo ya habría llegado al mundo sin su compañía lo llenaba de