Valle del Zazot
Luego de atacar el campamento de Rakum, el grupo de Kaím se instaló en una nueva ubicación y descansó, aguardando el regreso de Tek.
Todavía dormido, el prisionero Tarkut era vigilado por Desz, quien le acarició la mejilla con gentileza antes de abofetearlo. Dos bofetadas bastaron para despertarlo. Desz lo vio sobarse la mejilla, un poco confundido.
—¿Qué estás haciendo aquí? —lo interrogó—. ¿Por qué me seguiste?
—¿En serio lo preguntas? ¿Qué esperabas que hiciera? Te vas sin decir nada y luego vienes al otro lado del mundo, retrasando nuestros planes, como si nada más te importara.
—Nada más me importa. ¿Desde cuándo a ti te importan los planes de Ratszendach? ¿Desde cuándo son también tus planes?
—Desde que te incluyen a ti. Nos guste o no, es lo que somos, es lo que tenemos. Quiero llegar a Nuante, quiero que sea nuestro hogar —se miró el pecho. Ya no tenía la estaca, pero tampoco le latía el corazón.
Frente a él, Desz suspiró con cansancio, pero Furr insistió.
—¿