Nunca vio Gro unas manzanas tan rojas y fragantes, que solo de olerlas se hacía agua la boca. El mercado de la aldea de la manada Blanca era un lugar pequeño comparado con los bulliciosos mercados de Balardia, que él visitó algunas veces con su padre cuando todavía vivía y antes de perder la libertad. Quedaba tan poco de aquellos recuerdos que todo lo que ahora veía lo maravillaba.
—Llevaré veinte de estas y la misma cantidad de ciruelas —le indicó al vendedor, que fue llenando una bolsa de te